24 de mayo de 2009

Poetizar y leer poesía significa algo más que un esfuerzo intelectual, es sobre todo sentir y ver reflejada, en un puñado de versos, la esencia misma de saberse humanos.

 

Es por eso que al presentar al lector de hoy un poemario, resulta a la vez un reto y un compromiso de vida; una esperanza que, de ser tomada, posibilita un mundo mejor, cuya teoría concentra las vivencia de todo un camino dedicado a sentir y amar.

En una de sus partes, El, progresivamente el amor se define como dolor y desengaño.

 

¿Quién no ha sentido la ilusión del primer amor, y más tarde el hálito de su fugacidad?

 

Pero no solo es sufrimiento, sino rencor, venganza, desafío; en suma, tras una entrega total, una segura reivindicación  personal.

 

En una segunda parte, Yo, se encuentran definiciones vitales también relacionadas con el dolor, y todas implican entrega, poetizar, ser mujer, ser madre, ser humano, morir.

 

En otra de sus partes, Los otros, se encuentran poemas de gratitud y exaltación con temas relacionados con la Patria, los niños, la Fe y con los seres queridos que viajaron al infinito. En toda esta gama de tan hondo significado, se configuran o dibujan la personalidad y sensibilidad profunda de su autora.

 

Así, en un estilo romántico y modernista bien logrado; con lenguaje claro y sencillez propia de su espíritu, llega a conseguir el equilibrio tan anhelado desde el tiempo de los clásicos  y en distintas épocas de la historia literaria.

De hecho, hay una gran armonía entre los temas y el estilo en que han sido escritos.

 

Pero el gran acierto de este poemario es la incorporación de versos que al ser leídos evocan sentimientos que hablan de su universalidad. Medardo Ángel Silva es un claro antecedente de este logro.

 

Por todo lo dicho, creo sinceramente que la publicación y difusión de esta obra constituye un aporte a las letras ecuatorianas: es un impulso para los escritores noveles, un momento de reflexión y emoción para el lector común, quien en algunos momentos sentirá, junto a la autora, vibrar su alma, pues encontrará retratados en estos versos, que hará suyos, algunos momentos de su vida.

 

Finalmente el lector aplaudirá con gratitud, porque este libro es una entrega perdurable, un nuevo testimonio del eterno oficio de amar.

 

Msc. Rosa E de Sierra

Directora de la Biblioteca del Colegio Menor, adscrito a la Universidad ¨San Francisco de Quito¨.


Publicado por dignamada @ 2:07 PM
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