24 de mayo de 2009

Marco Vinicio

María Elizabeth

Kima Dayumara

 

Versos míos, sentimientos del alma, creaciones percibidas encada latido de mi vida, pétalos deshojados de la flor de mi espíritu, solamente perfumados con el aroma de todos mis dolores, de todas mis alegrías, de todos mis deseos.

 

Perdonadme si en este manojo de armonías no encontráis audacias metafóricas o símbolos sistemáticamente elaborados. anteponed vuestra sensibilidad a vuestro juicio, vuestro corazón a vuestra sabiduría, vuestro propio vivir a los convencionalismos periodísticos de una crítica malsana y destructora, para que podáis gozar de las vivencias manifestadas encada poema.

 

Mañana cuando los pequeños capullos de mis ser, mis hijos, lean este sin fin de quiméricas esperanzas, transformadas en versos y en estrofas, quiero que vean en su madre, no a la poetisa que tornó sus penas en acentos, sus experiencias en rimas, sus alegrías en trinos, sino a la mujer que en sus momentos de soledad arrancó varias del sin fin de estrellas de su pensamiento.

 

Benditos los momentos que mi pluma se deleita en medio de los acíbares de la vida. Bendita la vida que a veces me atormenta, que a veces me deslumbra.

 

Que al leer estas páginas, desmenucen uno a uno los destellos de mis pupilas que sonrieron en el gozo y que sollozaron en la desventura.

 

Que no muera mi voz, que no se apague mi palabra sencilla pero limpia, humilde, pero exuberante en ternuras, para que mañana, en nuevos amaneceres, revivan mi nombre en el armonioso signo de mi canto.


Publicado por dignamada @ 2:05 PM
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Publicado por digmar falconi
27 de julio de 2009 | 2:27 PM
ufffffff me encanto abue me gusta el sentimiento que pones a cada cosa que haces sigue hasi te quiero chao.