(1948)
Nunca sentí pasión tan desmedida
por alguien a quien no debí querer,
solo puedo decir que en esta vida
en vez de amar se debe aborrecer.
Aborrecer sin límite, sin calma,
hasta casi de tanto no poder,
odiar cualquier amor, con toda el alma,
como odia el corazón de una mujer.
Si el odio es quemante llamarada,
si mata las entrañas del amor,
aprendamos a ver su mascarada
con los ojos de paz y de perdón.