Las flores de mi vida están marchitas,
tronchados los capullos de ilusión,
solo viven mis lágrimas benditas,
brotadas en mi niño corazón.
Risueño provenir, yace truncado,
solo y perdido en triste lontananza,
amarte sin medida es mi pecado,
pecado sin perdón, sin esperanza.
Amaba solo en ti, el sentimiento
que sin mancha cruzó por mi camino
y en él amé tu voz, tu pensamiento
que reflejaba puro mi destino.
Tal vez me equivoqué dulce amormío
creyendo que tu amor no fue sincero,
perdona si de todo desconfío,
hasta de ti, mi bien, mi amor primero.
Olvida mi delirio, mi fracaso
en la hora más bella de mi vida,
quizá en la noche tibia de mi ocaso,
tu palabra de amor me halle dormida.