En los senos del Ande
con sabor a verbena,
recostado en las olas
de un océano en calma,
se entrelaza la selva
que atesora en su vientre,
oro negro que brota
en cascada silente.
En los Andes, el cóndor
de de garganta nevada,
confundido en los pliegues
de un atuendo nupcial,
muchos velos de novia,
incontables praderas
esperan la llegada
de su vuelo triunfal.
En las verdes laderas,
en camino a la costa,
se percibe un ambiente
de suave olor a sal;
bohíos y palmeras,
innúmeros frutales,
oro verde en sus playas
que llegan hasta el mar
Allí bajo la escama
dorada, iridiscente,
se encuentra el alimento
de una fauna nutrida...
allá, las islas bellas
que guardan para el mundo,
la evolución y origen
del hombre y de la vida.
En este paraíso
hinchado de hermosura,
se abrieron candorosos
mis ojos a su luz;
me hablaron del Escudo,
del Himno y la Bandera,
del hombre de mi patria
que se llama Ecuador.
Soy del centro del mundo,
de la tierra más bella,
poblada de esperanza,
amasada con sol.
Aquí, de independencia
se fraguó la revuelta
que traspasó los Andes
en grito atronador.
Desde entonces, el hombre
nacido en esta tierra
pulido en sinsabores
como oro en el crisol,
escribió nuestra historia
en el libro del tiempo:
Ecuador es mi Patria,
Ecuador es mi amor.
Soy de aquí, de este suelo,
de sangre ecuatoriana,
de una raza rebelde
cargada de valor,
mas, un día su estirpe
extenderá sus brazos
y abrazará a sus hijos
en un nuevo Ecuador.