24 de mayo de 2009

Geranios y madreselvas,

perfume de rosas tiernas,

manojos de caña brava,

árbol  de palma galana,

brillo de hoz y de machetes,

sombreros de paja larga,

leche blanca en Montecristi

nutriente de la esperanza.

 

Los geranios te enseñaron

a florecer entre cardos,

las madreselvas te dieron

el arraigo, la constancia,

las rosas te dieron ánimo

en momentos de desgracia,

la caña endulzó la vida

de tu niñez ignorada.

 

El brillo de los machetes

acariciaron tus manos

que amasaron libertades

con la gente de tu raza;

levantaste la mirada

sobre la palma galana

para colocar tu nombre

en los pechos y en el alma.

 

Abrigo te dio el sombrero

su sombra te cobijó

y con el sobre tus sienes

tu rebeldía creció,

amamantado con leche,

verde, piña, yuca en flor

y en el río de tus ansias

veintidós años de amor.

 

Acrecentaste la imagen

de tu tierra pisoteada,

enarbolaste principios

por la causa libertaria,

sembraste en arcilla virgen

la igualdad en los humanos

y plantaste la bandera

de educación no dogmática.

 

Manos de hombre, inigualables

encendidas de nostalgia,

dejaron surcos regados

con el calor de tu entraña;

forjaste las juventudes

defensoras de la patria,

humanistas y maestros,

artistas, marinos, laicos.

 

Allanaste los caminos,

se acortaron las distancias,

implantaste la justicia,

el derecho y el deber;

no tuviste privilegios,

con el culto, con la prensa,

con el trabajo y la ciencia

educando a la mujer.

 

Eloy Alfaro, tu nombre,

pedestal de honor y flama

no ha de morir, aunque muera

nuestra patria solitaria,

aunque una “bárbara hoguera”

incinere tu figura

hecha al calor de tu estirpe

de estadista visionario.

 

Las ideas no se matan

en ninguna “Hoguera Bárbara”

esas no mueren, perduran

a través del mar y el Ande;

tu idea será la guía

que en los siglos se dilata

y ha de ser una bandera

la luz de tu mente grande.

 

Aquí estará tu hidalguía

fraguada con ilusión...

perseguido y desterrado

por amar a tu Ecuador.

En la unión de Sierra y Costa

soñó tu ser cada instante

y quedó como constancia

el Escudo de la Patria.

 

Un grito surge glorioso

en cada garganta y pecho,

se confunde con e l viento,

se dispersa... y vive aún,

penetra en los corazones,

se eleva hasta el firmamento

y en su vuelo trascendente

el eco repite ufano...

“Viva Alfaro carajo”.


Publicado por dignamada @ 10:42 AM
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