Geranios y madreselvas,
perfume de rosas tiernas,
manojos de caña brava,
árbol de palma galana,
brillo de hoz y de machetes,
sombreros de paja larga,
leche blanca en Montecristi
nutriente de la esperanza.
Los geranios te enseñaron
a florecer entre cardos,
las madreselvas te dieron
el arraigo, la constancia,
las rosas te dieron ánimo
en momentos de desgracia,
la caña endulzó la vida
de tu niñez ignorada.
El brillo de los machetes
acariciaron tus manos
que amasaron libertades
con la gente de tu raza;
levantaste la mirada
sobre la palma galana
para colocar tu nombre
en los pechos y en el alma.
Abrigo te dio el sombrero
su sombra te cobijó
y con el sobre tus sienes
tu rebeldía creció,
amamantado con leche,
verde, piña, yuca en flor
y en el río de tus ansias
veintidós años de amor.
Acrecentaste la imagen
de tu tierra pisoteada,
enarbolaste principios
por la causa libertaria,
sembraste en arcilla virgen
la igualdad en los humanos
y plantaste la bandera
de educación no dogmática.
Manos de hombre, inigualables
encendidas de nostalgia,
dejaron surcos regados
con el calor de tu entraña;
forjaste las juventudes
defensoras de la patria,
humanistas y maestros,
artistas, marinos, laicos.
Allanaste los caminos,
se acortaron las distancias,
implantaste la justicia,
el derecho y el deber;
no tuviste privilegios,
con el culto, con la prensa,
con el trabajo y la ciencia
educando a la mujer.
Eloy Alfaro, tu nombre,
pedestal de honor y flama
no ha de morir, aunque muera
nuestra patria solitaria,
aunque una “bárbara hoguera”
incinere tu figura
hecha al calor de tu estirpe
de estadista visionario.
Las ideas no se matan
en ninguna “Hoguera Bárbara”
esas no mueren, perduran
a través del mar y el Ande;
tu idea será la guía
que en los siglos se dilata
y ha de ser una bandera
la luz de tu mente grande.
Aquí estará tu hidalguía
fraguada con ilusión...
perseguido y desterrado
por amar a tu Ecuador.
En la unión de Sierra y Costa
soñó tu ser cada instante
y quedó como constancia
el Escudo de la Patria.
Un grito surge glorioso
en cada garganta y pecho,
se confunde con e l viento,
se dispersa... y vive aún,
penetra en los corazones,
se eleva hasta el firmamento
y en su vuelo trascendente
el eco repite ufano...
“Viva Alfaro carajo”.