Los niños ecuatorianos,
de esta patria legendaria,
queremos decir a todos
los que añoran libertades,
con el sentimiento firme
y el amor en nuestras manos,
arrimemos nuestra fuerza,
nuestra constancia y trabajo
al impulso de los hombres
que quieren salir del fango,
conquistemos como humanos
lo que la patria reclama,
no creamos en ideas
de doctrinas ya caducas,
forjemos otra bandera
que mire hacia el infinito
a través de decisiones
que generen nuestras manos.
No importa el sol o la lluvia
para trabajar por algo
que se llama fortaleza,
y hacer de nuestro futuro,
en el campo, en las ciudades,
en el yunque y en las fábricas
el eje que nos libere
de la pobreza y el fraude,
y poder gritar al mundo
nuestro valor y pujanza,
de haber hecho de cada hombre
el sostén de nuestra raza,
el pilar que no desmaya,
el control que no se vende,
la dirección que te abrasa,
para sentir en la sangre
del niño, el joven y el viejo
la potencia del trabajo
la virtud que nos alcanza
en “La patria que ya es nuestra”.