Poesía ganadora del primer premio
“Buganvilla de Oro” en los Segundos
Juegos Florales de Ibarra en 1.982
Se formó con lenguaje de risco y de tormenta
en la Era Terciaria,
Se creó con borrasca diluida en silencios
de lucha apocalíptica,
espero solitaria los gestantes minutos
de gravidez elíptica,
y en el lejano y gótico vaivén de carrizales,
se trazó la llanura
donde fueron sepultas sus bestias colosales
al pie del Imbabura.
De pronto las deidades conmocionan con furia
la tierra prometida,
su útero de amante se encrespa y se dilata
con preñez inmadura;
apadrinan el parto del edénico mundo
eléctricos diluvios,
y el regazo materno ha parido una fuente
sobre la estalactita
que amamantó los cauces de San Pablo, del Mira,
del Taguando y del Lita.
Asiáticos murmullos irrumpen la callada
estancia de los siglos;
desgárranse los tintes naranjas del paisaje
donde se aman los lirios;
Australianas cadencia se engarzan en la pampa
de Ajaví y Tumbabiro;
prorrumpe nuevo plasma de imbayas y caranquis
en castas cochasquíes,
y en lucha de titanes, se funden en las venas
de incásicos y shiris.
El éxtasis polícromo de eterno gobelino
hinchose de repente,
América y España mezclaron en su carne
raza blanca y broncínea;
procrearon ardientes las voces que protestan,
los pechos que suspiran;
crearon armoniosas las manos que trabajan,
las mentes que se inspiran,
y unieron sus caricias perdidas en la bruma
mientras Dios se dormía.
Así nació la blanca acuarela del Ande
de belleza intocada;
así formó los surcos, al morir un septiembre
de diez y seis centurias:
deshojando mañanas, almacenando estrellas,
entre nombres y fechas...
y San Miguel de Ibarra, vistiéndose de iris
en torno a su garganta,
buscó de una alborada en perfecto desvelo
su desnudez de santa.
Vivió muchas auroras soñando en futuristas
espasmos de alegría,
su ventanal andino oyó la partitura
purísima del viento..
mas, una madrugada de un diez y seis de agosto
fatídico y oscuro,
hundiose en el abismo de su entraña materna
en desolado giro
¡oh! indómita Natura de silencio violeta,
por qué tu mano dura.
Y qué devino entonces...pedazos de techumbres,
crepúsculos de estío,
ojeras de tormenta reflejada en los cielos
con luceros sin brillo;
pero la sangre niña cromada de tristezas,
pendiente de un destino,
germinó en la epidermis del vientre desgarrado
con temblores de muerte
y, en lid procreativa desmoronó los días
que cambiaron tu suerte.
Y allí la tienen alba, y allí la tienen pura,
amasada con tino,
como pastel de novia, mezclada con azúcar,
con trigo, yema y vino;
renaciente pintura de engaste alabatrino,
perfumada de sauces,
alfombrada de pinos y mil amaneceres
de besos y suspiros,
serás el sortilegio volcado en dulce nácar
de arrullos y de trinos.
Aquí las buganvillas, los mirtos, los jazmines,
las rosas, las violetas;
allá los eucaliptos, los pastos, los trapiches,
los pájaros poetas;
en ti el sacudimiento del auroral gemido
de una campana abuela,
del calor de los nidos surcados de ladrillos
donde juegan rayuela;
a ti ciudad amable de platinadas almas
a la que todos vuelven.
Ibarra la que canta, Ibarra la que sueña
a través de sus hijos;
levanta tus valores ungidos de esperanzas
por Ante o por Mideros;
ciudad progenitora de Troya, de Vinueza,
Moncayo, Peñaherrera...
ciudad llena de encantos, de templos y callejas
de música y leyendas,
te encuentras en los óleos, tallados y esculturas
que te hicieron eterna.
Deja que me descubra para esculpir tu historia
en mi pupila virgen,
que se reflejen puras tus cúpulas sin nieve
de señorial estirpe,
que pulan armoniosas tu hermosura celeste
sobre tu geografía,
y que tu altiva frente aureolada de tules
cincelada de espumas...
sea tierna sonrisa en al rara convexa
de tus lagos azules.