Clavado de un madero tosco y duro
un maestro divino se moría,
y pensando en los vicios de los hombres
estas palabras dijo en su agonía.
I
¡Oh Padre! perdonad al que nos hiere,
a quien ofende son saber lo que hace,
por amor soy maestro, mas mi gloria
ha de ser perdonar a quien me ultraje.
Perdónalos; ¡Oh Padre! a los falsarios,
al que es pobre de espíritu y al necio,
a quien sembró la tierra de calvarios
y a maestros vendidos por un beso.
II
Hoy entraréis conmigo al paraíso,
a la vida de eterna primavera,
allí sabrás que te amo porque enseño
a perdonar y amar ala vida entera.
Hoy os daré mi cofre de cariños,
abriré mi alma pura, arrebolada...
dejad que lleguen hacia ti los niños,
ellos son mi esperanza bien amada.
III
Helo allí, a tu hijo, en esa escuela,
trasmítele tu ciencia con cariño;
has de tu voz el trino dulce y sabio,
vuélvete por amor a ser un niño.
Tu hijo está allí, mirando tu figura,
esperando de amor una caricia;
indefenso cordero, tu palabra
sembrará la oración de la justicia.
IV
¡Oh Padre! es preciso tu abandono
cuando el camino estrecho me lastima?
abre tus brazos sin guardar encono,
dad el perdón que imploro en mi agonía.
¿Por qué en esta hora tu fatal olvido
cuándo el mundo en tinieblas se debate?
por los niños humildes yo te pido,
no dejes que otra guerra se desate.
V
Sicio, sed tengo de agua viva,
de enseñar la verdad por do camine;
sed de aprender a dar toda la vida
un corazón ferviente, que germine.
Dad de beber tu savia a los pequeños
con pan de libertad cada mañana;
aplacad en su ser la sed del vicio
que es presa fácil de la carne humana.
VI
todo se ha consumado, ya no existe
humildad, inocencia, paz ni calma,
se termina la vida que me dijiste
y se revela el grito de mi alma.
¿Se ha consumado? ¡No! habrá otros cristos
que en su lucha mi cruz lleven a cuestas,
quizá maestros, hechos imprevistos
que en el bien sus metas estén puestas.
VII
En tus manos Señor mi alma confío,
guíala por la senda más propicia,
funde en un solo ser tu amor y el mío
y has reinar para siempre la justicia.
No solamente mi alma te la entrego,
también te doy un mundo en agonía,
se muere, y todavía lo sostengo
entre mis manos mustias y vacías.
......................
Así concluyó un martirio en el Calvario
con siete ideas de cristiano acento,
aún perduran, pero no han cuajado
siete verdades en un mundo incierto.