24 de mayo de 2009

 

Clavado de un madero tosco y duro

un maestro divino se moría,

y pensando en los vicios de los hombres

estas palabras dijo en su agonía.

 

                       I

 

¡Oh Padre! perdonad al que nos hiere,

a quien ofende son saber lo que hace,

por amor soy maestro, mas mi gloria

ha de ser perdonar a quien me ultraje.

 

Perdónalos; ¡Oh Padre! a los falsarios,

al que es pobre de espíritu y al necio,

a quien sembró la tierra de calvarios

y a maestros vendidos por un beso.

 

                       II

 

Hoy entraréis conmigo al paraíso,

a la vida de eterna primavera,

allí sabrás que te amo porque enseño

a perdonar y amar ala vida entera.

 

Hoy os daré mi cofre de cariños,

abriré mi alma pura, arrebolada...

dejad que lleguen hacia ti los niños,

ellos son mi esperanza bien amada.

 

                     III

 

Helo allí, a tu hijo, en esa escuela,

trasmítele tu ciencia con cariño;

has de tu voz el trino dulce y sabio,

vuélvete por amor a ser un niño.

 

Tu hijo está allí, mirando tu figura,

esperando de amor una caricia;

indefenso cordero, tu palabra

sembrará la oración de la justicia.

 

                      IV

 

¡Oh Padre! es preciso tu abandono

cuando el camino estrecho me lastima?

abre tus brazos sin guardar encono,

dad el perdón que imploro en mi agonía.

 

¿Por qué en esta hora tu fatal olvido

cuándo el mundo en tinieblas se debate?

por los niños humildes yo te pido,

no dejes que otra guerra se desate.

 

                      V

 

Sicio, sed tengo de agua viva,

de enseñar la verdad por do camine;

sed de aprender a dar toda la vida

un corazón ferviente, que germine.

 

Dad de beber tu savia a los pequeños

con pan de libertad cada mañana;

aplacad en su ser la sed del vicio

que es presa fácil de la carne humana.

 

                     VI

 

todo se ha consumado, ya no existe

humildad, inocencia, paz ni calma,

se termina la vida que me dijiste

y se revela el grito de mi alma.

 

¿Se ha consumado? ¡No! habrá otros cristos

que en su lucha mi cruz lleven a cuestas,

quizá maestros, hechos imprevistos

que en el bien sus metas estén puestas.

 

                        VII

 

En tus manos Señor mi alma confío,

guíala por la senda más propicia,

funde en un solo ser tu amor y el mío

y has reinar para siempre la justicia.

 

No solamente mi alma te la entrego,

también te doy un mundo en agonía,

se muere, y todavía lo sostengo

entre mis manos mustias y vacías.

 

......................

 

Así concluyó un martirio en el Calvario

con siete ideas de cristiano acento,

aún perduran,  pero no han cuajado

siete verdades en un mundo incierto.


Publicado por dignamada @ 10:26 AM
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