(Para mi hija María Elizabeth)
Necesito decirte
que Dios me ha permitido
tenerte entre mis brazos,
cantarte una canción;
bendigo ese momento
de dicha concebido,
que transformó mi vida
en ramo de ilusión.
En todos mis poemas
te encuentras incrustada,
si lees entre líneas
estará un resplandor;
vendrán las golondrinas,
bajarán las estrellas,
y surgirá mi rostro
hablándote de amor.