24 de mayo de 2009

(Gonzalo B. Falcony)

 

Si te hiere el amor, duro e impío,

si de lágrimas tu alma está empapada,

recuerda que es un mar, hijito mío,

donde cae toda alma naufragada.

 

Si alguna vez hallares al camino

hojas marchitas por el fuerte viento,

no las desprecies con rencor mezquino

porque te guardarán... resentimiento.

 

Cuando tu corazón esté rendido

Y tu  pecho se llene de agonía,

invoca al Redentor, serás oído,

o a su madre sin par, virgen María.

 

Pon en tu corazón y tu conciencia

esa virtud llamada dignidad

y graba en tu clara inteligencia

indelebles palabras de bondad.

 

Trata de ser por fin un hombre honrado,

altivo, generoso, fiel, prudente,

para ser de todos admirado

y de tus hijos, faro permanente.

 

La condición de ser hombre hay que alcanzarla

con trabajo y acciones siempre sanas,

la hombría de bien hay que lograrla

sin felonías ni palabras vanas.

 

Me pediste palabras maternales,

han brotado en mi ser día tras día,

tómalas con amor, son especiales

para el hijo que tuvo el alma mía.


Publicado por Desconocido @ 8:42 AM
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