(Gonzalo B. Falcony)
Si te hiere el amor, duro e impío,
si de lágrimas tu alma está empapada,
recuerda que es un mar, hijito mío,
donde cae toda alma naufragada.
Si alguna vez hallares al camino
hojas marchitas por el fuerte viento,
no las desprecies con rencor mezquino
porque te guardarán... resentimiento.
Cuando tu corazón esté rendido
Y tu pecho se llene de agonía,
invoca al Redentor, serás oído,
o a su madre sin par, virgen María.
Pon en tu corazón y tu conciencia
esa virtud llamada dignidad
y graba en tu clara inteligencia
indelebles palabras de bondad.
Trata de ser por fin un hombre honrado,
altivo, generoso, fiel, prudente,
para ser de todos admirado
y de tus hijos, faro permanente.
La condición de ser hombre hay que alcanzarla
con trabajo y acciones siempre sanas,
la hombría de bien hay que lograrla
sin felonías ni palabras vanas.
Me pediste palabras maternales,
han brotado en mi ser día tras día,
tómalas con amor, son especiales
para el hijo que tuvo el alma mía.